Para no olvidar
Los hombres son fantasiosos .
Siempre quieren lo que está prohibido:
la libertad,
por ejemplo.
(Carlos Cañas)
Un ejercio de memoria. En esta foto aparecen (fila de abajo) el "Gallego" Fernández; Claudio Agustinho; Daniel Mollo; el Canario Sznyman; "Coco" Brunt y el Coto Furcci. En la fila del medio aparecemos Néstor Vieyra; yo; Víctor Treuquil; Claudio Zamarreño; y Néstor Suzzi. Arriba, y de izquierda a derecha, están: Oscar Espinoza; Daniel Maldonado; Fernando Cioccolanti; la preceptora Lucy; Beto Ramírez; Luis Monge; Martín Vezjak; Gabriel Rinolfi; Daniel Biaggioni; el "Pingüino" Cárdenas, el "Negro" López y Julito Antón. Egresamos en 1984 de la ENET Nro. 1 de Trelew. 
Quién carajo me habría convencido de que debía peinarme así. Esta foto es de mi fiesta de egresados, en 1984. La que está bailando conmigo es mi hermana Norma. No encontré fotos con Yanina de ese día. Deben de estar en alguna caja. 
Cuando éramos chicos, a mi vieja le encantaba hacernos formar en escalerita para las fotos. Esta es en una casa en la que vivíamos en General Mosconi, Comodoro Rivadavia. Era puro verde y frutales. Y las construcciones eran de chapa. Yo soy el de lentes "nerd", y las de al lado son mis hermanas Norma y Yanina. La foto es de enero de 1973. 
Me pregunto por qué usarían tremendas velas en los bautismos. Ví otras fotos de la época y parece ser que eran una moda. Esto fue en alguna parroquia de Comodoro Rivadavia. No sé cuál. La que tiene la vela es mi madrina. Lo único que sé de ella es que en la década del '70 se fue a Estados Unidos y nunca volvió. El de la izquierda es mi padrino. Tenía un kiosco de revistas. Tampoco recuerdo nada de él, ni siquiera cómo se llama. La que me tiene en brazos y aparece de costado es mi vieja. Creo que esto fue en 1967, pero no estoy muy seguro. 
Ni me acordaba que tenía esta foto. Aquí estoy unos 30 kilos más joven acompañado de mis por entonces pequeños hijos Antonella y Giannino. Esta foto es del verano de 1998, que justamente pasamos en Puerto Madryn. 
¿Quién dijo que las serpientes son peligrosas? Para quienes agreguen comentarios a esta foto, traten de no ser tan obvios. No hagan referencias a amigas, suegras, madres, vecinas, hermanas, tías, compañeras de trabajo, secretarias, etc. etc. Sólo se trataba de una víbora que llevaron a Mendoza en una exhibición. No estoy seguro, pero creo que esta foto es de principios de 2004. 
Epocas de rock y locura, diría el Carpo. La foto es de 1988, creo... La sacó G. Taboas en Trelew, para un afiche que hicimos. Aparecen Germán Glanzmann, hoy casado, con hijos y a cargo de empresas familiares, Germán Gornatti, que después de esto se recibió de ingeniero y vive en Comodoro, y Mariana Zorzoli y Marcelo "Soda" García, de quienes no sé absolutamente nada. Yo soy el de anteojos oscuros, a la derecha. La banda se llamaba Pronobis y a pesar de las enormes limitaciones tecnológicas y de equipamiento, sonaba bien. 
Esta toma debe ser de 1973. Mi hermana Norma (a la izquierda) con guardapolvo del Jardín Santa Lucía de Comodoro Rivadavia. Al lado aparecen una vecinita y amiga de mis hermanas (Daniela Bordato) y a la derecha, Yanina, otra de mis hermanas. No recuerdo por qué tenía también guardapolvo de preescolar si tenía sólo tres años. Las señoras son la mamá y la abuela de Daniela. Al fondo se ve el mar, que por aquel entonces estaba muy empetrolado. 
Papá era una de esas personas que sentían un desmesurado amor por los caballos. No recuerdo bien de qué año es esta foto. Tal vez del '69 ó '70. Sé que en esa época "Pocho" Montacuto (como lo conocía todo el mundo) escribía de turf en el diario Crónica de Comodoro firmando como Mineralito. Después trabajó en el Jockey Club, primero en Comodoro y después en Trelew, hasta que murió en 1989. El turf de la provincia del Chubut le debe mucho. Incluso la existencia del hipódromo de Rada Tilly.
La escena transcurría a pocos metros del muelle. Ellos, ajenos al mundo, desentonaban con todo lo que había a su alrededor. Aparecieron ayer caminando por la rambla, vestidos de pies a cabeza con trajes de neoprene. Tenían el pelo mojado, y él llevaba una rosa roja en la mano.
Ella, cómplice, reía. Bajaron apretados por la escalinata rumbo a la arena, y de allí al mar. Jugaron un largo rato entre las olas. Besos y caricias los separaban del universo mientras los pasajeros del Norwegian Crown y del Silver Cloud apuraban sus compras en la Avenida Roca y en el microcentro de Madryn.
Cerca de ellos, una colonia de pibes llenaba la costa de bullicio, una pareja jugaba al tenis sin red y tres perros atorrantes y callejeros se metían al agua descaradamente, a despecho de los carteles municipales que los proscriben por completo. Al final, la pareja de amantes se soltó de las manos y se internó a nadar rumbo al horizonte primero, y al sudeste después. Seguramente volvieron, pero nadie los vio, salvo aquellos capaces de captar los asuntos sensibles. La rosa roja se habrá perdido en el camino, pero eso no le importa a nadie. Fue la primera escena interesante de la mañana de Puerto Madryn, capturada entre la marea extraordinaria, el sol radiante y los más de 1.500 extranjeros que llegaron de golpe a bordo de los cruceros.
Ya era la hora del almuerzo. Los turistas daban vueltas desde tempranito, y a las 12:30 ya estaban acomodados en las mesas. Conmovía ver el esfuerzo y la dedicación con la que tres extranjeros –de apariencia nórdica- y un español atacaban las empanadas criollas. Las tomaban de la fuente con un tenedor, y las cortaban prolijamente en tres o cuatro partes. Los más atrevidos empujaron con el pancito, y los otros con el cuchillo. Dejaban el repulgue a un costado, mientras el galeico les explicaba que debían encarar la dura tarea a mano desnuda, pero no se animaron.
A los 25 minutos –controlados por reloj- me paré y me fui. Le expliqué al que fungía de encargado que ni siquiera me habían tomado el pedido, a pesar de que en el local sólo había cuatro o cinco mesas ocupadas… ¿Qué… la plata argentina no vale? En El Clásico tuve mejor suerte. Estaba repleto, pero los mozos nos hicieron un lugarcito. A la izquierda, un matrimonio bastante mayor y muy norteamericano peleaba contra el menú de la casa. No entendían la carta, a pesar del correcto inglés de una mesera simpática y diligente. Primero quisieron algo con frutos de mar, después pizzas, después un plato que vieron pasar, y al final se conformaron con unas copas de helado. Pagaron con un billete de 20 dólares y se fueron. A la pobre piba la volvieron loca. Un poco más atrás, un grupo de mujeres encendía cigarrillos, una licencia que en su país de origen resultaría ilegal y extravagante. Pero en la Argentina todo se puede…
La ciudad se fue vaciando de a poco, mientras los viandantes volvían a los buques de placer, para seguir su viaje de vacaciones cinco estrellas. Y aquí, todo como siempre. Hasta el próximo crucero.
Un festejo casi íntimo. Están de izquierda a derecha mi amiga Graciela, mi hermana Norma, Diana (la esposa de Walter Moreno, mi cuñado); y Gaby. La torta repleta de crema, que preparamos junto con Gabriela, y la Coca Diet no son muy compatibles... ¿pero a quién le importa? Ah, Walter no está porque fue el que sacó la foto. 
Los que saben de música sabrán disculpar la mala posición de las manos, pero bueno, estoy tratando... Esta me la sacó Walter el día de mi cumpleaños número 41. Los 40 los pasé sin pena ni gloria y quería festejar éste. Lo lamento por los oídos de los vecinos. 
Una amasando tallarines. El ojo torcido es propio, no es un error de la cámara. Preparé tallarines al huevo con tuco. La salsa era "importada" de Mendoza. La hizo María Rosa, la mamá de Gabriela, y nos la trajimos hace meses. Bien casera, con buen tomate y sin conservantes. 
Gabriela fue al concurso. Aunque no es amante de la pesca, sino que más bien es crítica, se la bancó y quiso ver de qué se trataba. Como todos, sufrió el intenso viento. 
Esperé 15 años para volver a participar de las 24 horas de pesca de Playa Unión. Y la verdad es que me tocó un clima espantoso y pesqué menos que nunca. Pero me di el gusto de estar, junto a mi compañero de pesca Franco Capone. Las "24 horas..." son el concurso más tradicional de la Patagonia. El intenso viento que sopló desde las cinco de la mañana hasta finalizar el certamen lo transformaron en una prueba de resistencia extrema. Terminé con los reeles engranados y repletos de arena, al punto que no servían para seguir pescando. A causa del viento rompí la carpa, un sillón, perdí punteras enteras, arené los anteojos, reventé un farol. Esta foto y las que siguen son de mi cuñado, el reportero gráfico Walter Moreno, del diario mendocino Los Andes; cuya redacción manejé desde 1998 hasta abril de este año. Lo que se dice, un lujito... 
En esta toma se puede ver clarito lo cruzado que estaba el mar. Fue muy difícil pescar, y el ganador terminó lejos de la media histórica del certamen. 
Uno de los principales rivales de la tarde-noche fue la variedad de punteras que se enganchaban. Rescatamos del agua hasta las que habíamos perdido. En la toma, mi compañero Franco Capone trata de quitar un pez palo -hubo que devolverlo al agua, como marca el reglamento- del lío de tanzas y plomadas. 
El momento del lanzamiento. Las olas no eran muy altas pero el mar estaba muy cruzado y había que tirar con plomadas "con ganchos" para afirmarlas a la tierra. La vara que uso es de grafito y me la armó especialmente Ariel Aranea. Las recomiendo con fervor. 
De frente al mar. Esta es una de las razones por las que elegí volver a vivir en la Patagonia. Extrañaba mucho los olores, colores y sabores de esta tierra. El aire del mar en la cara a las ocho de la noche no tiene comparación. 
Para la TV. Mientras armo los anzuelos, Gabriela filma. Ya había algo de viento. A la noche mejoró un poco pero a partir de las tres de la mañana nos agarró la "tormenta del desierto". 
Preparativos. Antes de tirar, que todo esté en orden. Como se puede ver al fondo de la imagen, hay gente pescando mientras yo estoy en "veremos". 
El momento del debut. Como la pesca era individual arrancó mi compañero, Franco Capone. Yo tiré a las 8:00 y enseguida corté puntera por las malas condiciones del mar, y la impericia propia. Así es que me tocó ir al pesaje de las 22:00 hs.
Qué madrugada... Los refuerzos llegaron a tiempo y pudimos ingerir, gracias a mi mujer y mi cuñado, un apetitoso sandwich de carne. Es muy difícil aguantar la noche con el estómago a medias. Como diría mi amigo Rolando López, "Comida, mi platillo favorito!"
Siempre que vamos a Punta Tombo mi mujer se hace amiga de algún pinguino. Este le salió al paso antes de irnos. Después juntó unas ramitas y las llevó a su nido. Están naciendo los pichones, que en un mes tendrán tamaño de adultos, aunque desgarbados y torpes.

Esta foto es increíble y creo que debería ser presentada en algún concurso. La sacó José Fuentealba (El Ruso) en Puerto Madryn, durante la segunda semana de noviembre, cuando un ejemplar -otro más- de ballena franca apareció muerto en la costa. 
Tuve el enorme placer de ver cómo nacían varios pingüinos en la reserva de Punta Tombo. Y aunque el espectáculo fue maravillloso, pienso que no deberían dejar que los turistas se acerquen a los pingüinos en el momento en que nacen los pichones, cuando son más vulnerables. Tomé esta foto el martes 15 de noviembre, al mediodía. 